lunes, 1 de agosto de 2011

117 Merecidas Vacaciones.




Hoy, los amigos de La Esfera Cultural me han publicado este relato, espero que os guste.


Cuidadosamente bajó la maleta del altillo. Como si se tratara de un ritual mágico, le quitó la funda protectora, la limpió suavemente y la dispuso sobre la mesa. No recordaba cuánto tiempo hacía que no disfrutaba de unos días de descanso, de unas merecidas vacaciones; dudó… ¿tres, cuatro años?… cinco, sí, esa era la respuesta correcta -ya se sabe, el trabajo, la responsabilidad...-.
Comprobó, de nuevo, la lista, cotejándola con todo lo que había dispuesto encima de la mesa. Como si se tratara de un control de calidad, fue repasando cada uno de los elementos: los pantalones, las camisas, los zapatos, el pijama… No faltaba nada. Pensativo, se dejó caer en la silla. Se sentía extraño: ¿vacaciones?... Él se peleaba cada día con los proveedores, se partía la cara por la empresa, él sabía de números, de resultados… nada conocía de diversiones, de esparcimientos... Ansioso observó el reloj, como queriendo parar el tiempo; su avión despegaba en tres horas.
Se levantó y escogió dos volúmenes de la estantería, dos lecturas pendientes que encajó esmeradamente entre las camisas y el pijama. Intentó serenarse. Antes de cerrar la maleta cogió la rutina, también la costumbre y las dispuso en el frigorífico; dobló cuidadosamente la prisa, también el estrés, y los ubicó en el armario, entre a la ropa de invierno. Planchó la angustia y la obsesión, que guardó en el cajón, junto a las sábanas. La eficacia y la eficiencia las almacenó en el garaje, confundidas entre las herramientas y los trastos. La responsabilidad y el trabajo quedaron escondidos en los tomos de la enciclopedia. Por último atrapó el tiempo, lo trituró con la batidora, y guardó esa pasta espesa en el congelador. Ahora sí, ya podía marchar tranquilo.
En ese momento un sonido ensordecedor, igual que una tuba desconsolada, invadió la estancia; tardó en reconocerlo, era su móvil, que le hacía aterrizar en la realidad antes de iniciar su vuelo al paraíso. ¿Quién puede ser?, pensó. Seguro que era su jefe, o algún empleado de guardia, quizás un problema grave en la empresa, tal vez un pedido devuelto… Intentó afinar su oído, pero el ruido estridente salía de todas partes y de ninguna. ¿Dónde se escondía el maldito móvil? Buscó, rebuscó, escudriñó cada centímetro de la estancia, pero nada. La melodía se convirtió en ruido, en un eco infinito que eclosionaba en su mente. Abrió la maleta, y violentamente empezó a buscar el maldito aparato: nada… desbarató las camisas, los pantalones, los zapatos; estrelló la maleta contra el suelo. Sus vacaciones hechas añicos, despedazadas...
El ruido atronador se encarceló en su cerebro. Sin saber por qué se puso a llorar desconsolado. En ese mismo instante un fatal pensamiento asaltó su cerebro, se acordó que ya no tenía tiempo para nada: lo había congelado. Abrió la nevera, pero ya era demasiado tarde, el tiempo sólo era un carámbano. Intentó darse prisa pero no fue capaz de acordarse en qué estante del armario la había depositado. Igual le pasó con el estrés, no aparecía entre tanta sábana. Ni siquiera podía angustiarse, ni obsesionarse con el maldito teléfono; esas sensaciones las había almacenado en el garaje y ahora no encontraba la llave. Miró todos los tomos de la enciclopedia pero no fue capaz de encontrar ni la responsabilidad, ni el trabajo. ¿Qué podía hacer? No le quedaban rutinas, ni costumbres, y sin ellas no sabía nadar, se ahogaba, y quedó allí perdido, disuelto en la nada, naufragando en sus dudas. 
Miró el reloj, en una hora despegaría su vuelo. El móvil seguía sonando, el problema debía de ser grave. Abrió la ventana, intentó acompasar sus pulmones, en ese momento una suave brisa acarició su rostro y una estrella fugaz surcó el cielo de mediodía: el móvil enmudeció y el silencio venteaba a brisa marina. Se levantó presto, de los restos del naufragio recogió los dos volúmenes y los billetes de avión. ¡Qué carajo, estoy de vacaciones!, fueron sus últimas palabras, antes de partir raudo al aeropuerto.

©  Xavier Blanco 2011.

domingo, 31 de julio de 2011

116 Relatos de Verano... en La Esfera Cultural...Participa.

Los amigos de  La Esfera Cultural han puesto en marcha una sección especial, dedicada a los relatos que tengan como temática el verano. Ellos son así, todos preparados para comenzar las vacaciones, para olvidarnos del tiempo y dedicarnos a no hacer nada, a dar palos al agua; cuando todavía no hemos cerrado la maleta ellos nos inoculan el virus de las palabras. Ya infectados poco podemos hacer, sólo nos queda crear, fabular, imaginar...participar.

sábado, 30 de julio de 2011

115 Los jardines del mar.


El sol medroso iniciaba su camino de regreso, garabateando la línea del horizonte. El otoño palpitaba  y, en su contracción, ayudado por el ábrego, despojaba de vestiduras  los árboles, haciendo revoletear sus hojas por la senda del invierno. Las Acacias, las Lilas del Sur desnudas, se contorsionaban impúdicas, rondando a los Plátanos de Sombra, a las Encinas que lucían esplendorosas sus ropajes. Unas voces rasgaron el silencio: “Grumete,  todo a estribor; pulso firme, que arrecia el temporal. Capitán,  allí, se aproxima un dragón. Tranquilo principiante, es la sombra de un eucalipto zarandeado por Eolo; todo a babor. Escuche señor, cantos de sirena... No se apresure marinero, es la brisa que tintina a lavanda y romero; serenidad novicio, no me sea bisoño, atienda los consejos de un lobo de mar: arriar foque, maniobre siguiendo la línea del malecón… Comandante, el viento, ese tronco de Arce contra la arboladura, se quiebra el mástil -en ese instante un unicornio alado surcó el cielo-.  Estamos salvados….”
-    Pablo, no grites, marchamos. Deja de jugar con el barquito de papel-. El muchacho seguía absorto, imaginando, ideando, fantaseando.
-    Mamá, ¿has visto el unicornio?
-    Claro hijo, pero es un secreto.

©  Xavier Blanco 2011.



El concurso tiene un blog: JARDINES SECRETOSAhí podéis leer las bases, ver los textos de los participantes y enviar vuestros relatos. 



viernes, 29 de julio de 2011

114 Los Jardines del Edén.

Hoy os escribo desde el más allá. Yo no creía en esas cosas, pero un día percibes una luz cegadora, un viaje infinito y, como si fueras un relámpago, tu alma, tu esencia, tu espíritu, te transportan, reencarnándote en cualquier cosa, en cualquier lugar. Anteriormente fui ser humano, ahora soy etéreo, incorpóreo, sólo viento. Sí, algunas veces los sueños se cumplen: yo siempre imaginé ser soplo, y revolotear como nube de insectos irritando a una encina; ser espiración y agasajar la fragilidad de una rosa, polinizar, mimar pétalos y pistilos. Ser Céfiro, zarandear tamarindos, eclipsando el sol de primavera, tal vez  brisa marina perfumada de lavanda y romero, y juguetear al escondite con la sombra de un eucalipto. Ser  ráfaga, racha, corriente,  para esconderme en el vientre de un arce, eclosionar, convertida en ventisca, vendaval, Caballo de Troya. Diluir el sol de mediodía, licuar el calor del estío, derretir la canícula. Ser huracán, remolino, hálito de luna llena y voltear la hojarasca, disimulando el camino. También ser nada, quietud, mudez, silencio infinito, serenidad, placidez, sosiego. Sí, a veces los sueños se cumplen: ahora sé que existe el Paraíso y que allí hay unos Jardines, pero eso es un secreto.
©  Xavier Blanco 2011.



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jueves, 28 de julio de 2011

113 Jardines con duende.

La gente especula que ser un duende es una suerte, como nacer con estrella; y quien dice un duende, dice un genio, un elfo, un enanito verde. Como si fuera placentero vivir en una seta, morar bajo un manto de hojas, o habitar en la corteza de un roble, y ya no platiquemos de la vida eterna,  de conjuros, de hechizos… Vale, nuestra estrella fue nacer en la Isla de Pedrosa, llamada por nuestros ancestros de la Astilla, cuántos náufragos salvados, cuántos navíos guiaron nuestras luces, pero esos eran otros tiempos. Un día llegaron unos señores con sus máquinas, y nos entró frío y congoja, temiendo que el color se tornaría asfalto, la mudez, ruido, y  el hollín de las chimeneas eclipsaría el azul del cielo. Escondidos, agazapados, nos pertrechamos para la revuelta. Jaraneros observamos cómo nacía un vergel, un oasis, cómo el espacio se disfrazaba de leyenda, poblándose de verde avenencia y azul armonía. Hoy, embriagada por la fragancia de las rosas, el agua mana sigilosa, y la sombra de los tamarindos seduce al ocaso. No puede existir mejor lugar para la magia de un duende; hoy nos visita Campanilla, pero eso es un secreto.

©  Xavier Blanco 2011.


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miércoles, 27 de julio de 2011

112 La Bolsa de los deseos.


El año había transitado hirsuto, la tormenta de la vida seguía arreciando,  y el huracán del destino soplaba esforzado, derribando sueños e ilusiones. Cerramos las maletas con desgana, sin anhelos; sólo Pablo, el pequeño, mantenía la alegría en su semblante, indultado de tanta lamentación. Los días sucedieron cansinos, desencantados, uno detrás de otro, simulando una procesión doliente. La sonrisa de Pablo, sus castillos de arena y sus chapoteos menudos, rasgaban la monotonía, tiñendo de color aquel gris que cercaba todo. Una mañana, cuando las campanas del estío tocaban a regreso, visitamos “Los Jardines Secretos”, sugerente nombre, pensé. En la inmediación, el gris se fue tornando añil, verde, púrpura…, como si el arcoíris hubiera cortado el horizonte, coloreando  nuestras almas. Sin pretenderlo, descubrimos que los árboles tienen nombre: encinas, tamarindos, arces…, que el viento susurra, ronronea, incluso habla. Pablo miraba absorto, olía ensimismado,  escuchaba embelesado. Contagiados de esa quietud, de esa serenidad que nos envolvía,  disimulado, saqué la bolsa de los deseos, y fui distrayendo el aroma de lavanda, el gorjeo de un ave, la sombra de un eucalipto, el matiz de una rosa, el azul del cielo... Con esa despensa franquearemos el invierno, soñando retornar al paraíso.   
©  Xavier Blanco 2011.


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martes, 26 de julio de 2011

111 BREVES NO TAN BREVES



Los amigos de BREVES NO TAN BREVES (grupo Heliconia) me han publicado un nuevo relato en su blog. No dejéis de visitar este espacio de relatos, de buena literatura. Hace algunas semanas que apareció en estas páginas, es uno de mis preferidos...



Se reencontraron. Su relación era una nube de puntos dispersa en un eje de coordenadas imposible. El último día ella encontró la solución, a todos sus problemas: “te quiero, eres un loco fantástico, pero no puedo seguir tus locuras…”.
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110 MANUAL para disfrutar de unas buenas vacaciones.

Antes de cerrar la maleta, deberá seguir cuidadosamente los siguientes pasos. Proceda a realizar uno detrás de otro, con orden y esmero, sin prisas, no se obsesione, no se angustie. Intente hacerlos con ropa cómoda y en un espacio amplio y ventilado. Si tiene criaturas, garantice que están dormidas antes de iniciar el proceso.

Utensilios necesarios: un recipiente de vidrio hermético, unas hojas del periódico –sin importar de qué día-, una plancha, bolsas guardapolvos, una enciclopedia –de esas de antes-, una batidora y ganas, muchas ganas.

 Unas buenas vacaciones en 7 pasos...


Paso 1:
Coja la rutina, sitúela en la nevera, en el espacio de las bebidas. Use un recipiente de vidrio hermético.
Paso 2:
Envuelva cuidadosamente la costumbre en papel de periódico; dispóngala en el verdulero con las cebollas.
Paso 3:
Doble con parsimonia la prisa, también el estrés, y póngalos en el armario entre la ropa del invierno.
Paso 4:
Planche con letargo la angustia, meta en bolsas la obsesión, y déjelas en un cajón junto a las sábanas.
Paso 5:
Almacene la eficacia y la eficiencia en el trastero, confundidas entre las herramientas y los cacharros.
Paso 6:
Esconda la responsabilidad y el trabajo, disimulándolos entre los extensos volúmenes de la enciclopedia.
Paso 7, y último:
Aprese el tiempo, tritúrelo meticulosamente, sitúe la pasta espesa y fétida en el congelador.

Esto no es una medicina, no hay que leer detenidamente el prospecto, ni siquiera tiene que consultar con su médico. Este manual no está registrado, puede usarse de forma indiscriminada para cualquier uso, incluso delictivo. Se puede copiar, reproducir, enviar por cualquier medio físico o psíquico, incluida la telequinesis y la tele transportación. El autor es un ser abstracto, puedes apropiarte de su autoría, comentar que es tuyo o que lo encontraste en un libro de autoayuda, de esos que firma un gurú que vive en las montañas de Arkansas. La SGAE no tiene ninguna competencia sobre el mismo, está libre de impuestos y exento de IVA. Incluso puedes decir que dos personas no lo cumplieron y perdieron el avión, que una tercera sigue convaleciente en un centro de salud de un pueblecito de la sierra zamorana, obsesionado con el lobo… puedes decirlo, a mí me da igual, no pienso enterarme, estaré de vacaciones.


©  Xavier Blanco 2011.

domingo, 24 de julio de 2011

109 No tiraremos la toalla.


Estos días miro, observo a mi alrededor, y siento que los vientos de la crisis no amainan. Al contrario, cada día soplan más fuertes, convertidos en tormentas, en huracanes, azotando energías, derribando voluntades, arrasando sueños. La economía -cada día más cercana a la quiromancia, al esoterismo- no sabe de personas, ni siquiera de sentimientos; ella se esconde detrás de los tecnicismos, de las palabras altisonantes, esas que nos estremecen, que nos encogen el estómago, que nos hacen tragar saliva cada vez que las escuchamos: la deuda soberana, las pruebas de riesgo, el diferencial con el bono alemán, la eficacia, la eficiencia, los recortes… los mercados, la crisis, la maldita crisis. Palabras que eclipsan seres, palabras que oscurecen vidas, palabras que enlutan almas, palabras que afligen, que acongojan. 

Ahí, detrás de esas nubes negras que descargan tormentas, hay personas, seres humanos que se levantan cada mañana, que se baten en duelo con la vida, que se parten la cara defendiendo su presente, luchando por su futuro. Ahí, detrás de cada desempleado, detrás de cada desahucio, detrás de cada sueño roto, hay personas, familias, individuos, ellos le ponen cara a las cifras macroeconómicas, a las estadísticas, a los grandes números que justifican tanto despropósito, tanta tropelía, tanto desmán. Para ellos, para muchos de nosotros, la vida se ha convertido en un ring de boxeo, y nos defendemos como podemos de tanto puñetazo, de tanto golpe bajo. La vida se ha convertido en un combate infinito, con la única esperanza de acostarnos cada noche para levantarnos al día siguiente, y seguir defendiéndonos, soñando tiempos mejores. Ellos siguen ahí maltratados por la agonía del paro, por la perversa crisis, ésta en la que nos metieron otros, los mismos que reparten las bofetadas, los mismos que nos dan los guantazos. 

Lo peor de todo esto es que no sabemos cuántos asaltos tendrá este combate, cuántos golpes nos quedan por encajar, cuándo amainará esta tormenta, cuándo dejaran de pegarnos. No, no lo sabemos, no tenemos ni idea, pero seguiremos ahí, y nos levantaremos cada mañana cogiendo nuestra vida por la solapa, con fuerza, con rabia, y continuaremos luchando por un mundo mejor, más justo, más igualitario. 

Por más que nos peguen, no tiraremos la toalla, no besaremos la lona. Quiero que lo sepan.

sábado, 23 de julio de 2011

108 El Tiempo...(Cosas de mis amigos).


Hoy os presento a Ninon Martí, es una amiga. Ella también pertenece a ese gremio de los artesanos  de palabras:  ella es una funambulista, una acróbata, una equilibrista de las letras. Hoy nos agasaja con estos versos, con un poema inmenso que ella ha titulado “El tiempo”

El tiempo que es todo y quizás nada; el tiempo que pasa sin darnos cuenta; el tiempo que nos ofrece insaciable y nos quita, desesperado; el tiempo, el maldito tiempo, que no es más que la vida que corre cuando queremos que se pare y necesitamos que nos mime;  el tiempo que se convierte en silencio, tal vez en desierto, cuando más lo deseamos. Como nos dice Ninon, "el tiempo es el dios y el diablo". 

Cuando lees estos versos te das cuenta que Ninon hace magia con las palabras, que ella es lo más parecido a un mago, a un predigistador. Es una ilusionista de los vocablos, y nosotros somos unos afortunados, ya que podemos compartir su magia, deleitarnos con sus versos.



EL TIEMPO.


El tiempo es el dios y el diablo:

¿con cuál de ellos estaré negociando esta vez?


Tengo una vida tan provisional
como la que anhela una prostituta ingenua:
un amor desmayado,
un vestido oscuro
y una madre torpe:
a la espera vivo reservando el placer.

En un tiempo-diablo, resisto:
si resistir es
llenar mis pulmones de mentiras piadosas.
Pulmones de mentiras seguras
donde establecerme y tener y tener y tener.
Tener y envejecer, que es
trasladarme imantada hacia la estupidez o lo simple.
En un tiempo diablo no me atrevo:
a mí,
a ser,
a abrazar el miedo que veo,
a matar el significante de esta vida,
a asumir este dolor que siento, como mío:
única manera posible de vivir y morir como un Hombre.

¿Por qué decimos “no tengo tiempo”
cuando es el tiempo quien nos posee,
cuando es el tiempo quien se queda con nuestras provisiones:
nuestros amores,
nuestros vestidos,
nuestras madres,
cuando soñar esperando nos atrofia la vida?
¿Por qué decimos “no tengo tiempo”
cuando es el tiempo quien un mal día
ya no nos sostiene más?

Os dejará caer. Sino miradme:
rodar, chocar y volar.
Pero en lo breve buscaré algo eterno,
y que esta caída mía
me sirva entonces para planear.

Planeo yo
y lo que quise ser y nunca fui.
Yo
y lo que llegué a ser sin siquiera haberme atrevido a soñarlo.
Planeo y busco otras vistas, en lo breve.
Y me cruzo en tu caída,
si es que buscas algo eterno
en lo breve.
Es de repente, en el ahora efímero,
que este vértigo llega a parecerme un seductor eterno
descalzo y rico,
ingrávido y viejo.
Ahora de repente,
sueño en un tiempo-dios,
en el que cada mañana despierto en el otro extremo del universo.
Cabalgo y cabalgo.
Cabalgo todas las dimensiones hasta aburrirme.
Me expando y me curvo,
junto con el espacio y los tiempos:
¡libre!
Libre entre el polvo hielo:
radiación, nebulosas, rojo azul luz.
Así vuelo de lado a lado de la galaxia:
hasta aburrirme.
Y después de todo 
bajo ligera, sin cargas,
y empiezo mi día sin preguntarme quién soy y por qué.
Y desde la tranquilidad de mi espíritu
no temo significados.
Sólo soy ingravidez temporal.
No me temo insignificante,
luego vivo y moriré como un Hombre.
Tengo mil horas
y no tengo ninguna,
vaya el tiempo al dios y al diablo,
y que negocien ellos esta vez.





Autor: Ninon Martí.





viernes, 22 de julio de 2011

107 El Caleidoscopio se engalana.



Sara Lew es una extraordinaria  escritora y una maravillosa dibujante,  escribe con el dibujo y dibuja con la escritura. Como ella dice “La escritura y el dibujo se acompañan, son parte de un mismo proceso creativo. Una palabra inspira a la siguiente, como un trazo inspira al otro”. Sara nos ha hecho un regalo, el dibujo que acompaña a esta entrada, que a partir de hoy formará parte indisoluble del Caleidoscopio. ¡Gracias Sara!.

Perderos por el blog de Sara Lew, Microrrelatos Ilustradoses una delicia…para los sentidos. 

miércoles, 20 de julio de 2011

106 El futuro puede esperar.












En la oscuridad, auscultaba las conversaciones cruzadas que recorrían el vagón, las risas adolescentes, el llanto de un bebé, el respirar pausado de un anciano. Extraña sensación, como si dormitara en su ataúd investigando las charlas que susurra el silencio del velatorio. Le costaba enfrentarse a su nueva realidad. Abrió los ojos, intentando descubrir los rostros que escondían aquellas voces, aquellas risas, aquellos lloros... Miraba. Todo era nuevo para él. Era difícil saber las horas que llevaba allí sentado, ¿dos, tres, toda la mañana?... Tantos años con el reloj parado, el alba y el ocaso, dormir y existir, no había tenido tiempo para mucho más. Sólo para llorar. Ahora podía elegir y bajarse en la parada que quisiera, ¿debe ser eso la libertad? – se interrogó; una mueca cruzó sus labios. Se sentía ridículo con aquel gorro verde, pero hacía frío. Esa ciudad ya no era la suya, la extrañaba. Podía descender en ninguna parte, y desde allí iniciar su camino hacia ningún sitio, escudriñando su no futuro. Tenía todo el tiempo del mundo para hacer nada. Ahora era dueño de su destino, podía imaginar lo que quisiera, incluso atar una soga a su cuello o disparar el gatillo. El tren se paró, y aquel sonido metálico volvió a martillar en su cerebro, recordándole las veces que la reja de su celda se había cerrado tras sus pasos, cuatro veces al día durante los últimos veinte años. Ese sonido le volvía loco, le empequeñecía. Reparó en la anciana de cabellos panocha, en el adolescente espigado, en la mujer que había sentada a su lado… olía su perfume. Cómo había cambiado el mundo. Cerró los ojos y volvió a meterse en su ataúd. Se cerraron las puertas del tren. El futuro podía esperar.


©  Xavier Blanco 2011.
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