jueves, 7 de abril de 2011

61 Réquiem.













La niña allí sentada, a la resolana, con su pelo crespo. Los rayos del sol, tenues, tímidos, reflejan su pequeño cuerpo en la pared encalada, limpia, impoluta. La abuela ciega, quieta, presa por la zangarriana, mirando la vida con inquina, con pereza, desganada. La madre, que entra y sale, que sube y baja, extendiendo sábanas blancas que azota la brisa, sólo taciturnas mortajas, testigos de noches sombrías que  almidonan quimeras. Sábanas que son velas de veleros que nunca zarparon, varados en mareas que en ningún tiempo mejor subieron. Mareas sin lunas, astros sin noches. Noches que son mañanas, perennemente repetidas. El viento que susurra un tango, triste, mil veces danzado. Danza la vida caprichosa, trepando cucañas camino del cielo. Planean azadas, arados y aguijadas por el limbo infinito, abatidos, huérfanos de tierras. Simientes que vuelan buscando otros parajes donde dar frutos. Parajes que son colmenas, enjambres de  sueños que no florecen en primavera, yermos, sin semillas. Primaveras que sobrevienen fríos inviernos, colmados de corazones gélidos que derrocan ilusiones. Lágrimas que ya no duelen, corriendo por acequias perpetuas. Ilusiones captadas por añejos daguerrotipos, rictus pintados de color ámbar. La muerte que no avisa, traidora, fementida. La niña sin padre. Tres damas, encadenadas, retenidas, ataviadas de negro azabache, pergeñando el porvenir, camino del camposanto.

© Xavier Blanco 2011.
 













miércoles, 6 de abril de 2011

De todo corazón... (cosas de mis amigos).

© Sergi Fornasari. Creu a les Canals de Vallfogona. 
















Hoy es miércoles, Miriam Giménez, una amiga, nos regala nuevas  reflexiones..., pequeños impulsos, grandes sensaciones.

Apoyo la cabeza en tu pecho y solo ansío oír el batir de tus alas. Tu piel desprende calor pero yo solo tengo un sentido despierto, y es el oído. El mundo desaparece alrededor, todo se funde en el silencio, excepto tu corazón, es lo único que quiero escuchar, es para lo único que tengo oídos. El batir rítmico, caliente, potente. Lo damos por hecho y, cuando falta, no hay sonido más dulce. Mi dedo se desliza por tu pecho, mi corazón se acompasa al tuyo, queda tanta vida por recorrer juntos…

© Miriam Giménez.

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Grises
Cada día sale el sol.

lunes, 4 de abril de 2011

60 Solo Papel.














Necesitas escribir y no encuentras papel. Te desbordan los vocablos, rebosan las palabras. Rebuscas con desesperación, revuelves cajones, agitas armarios, sacudes archivadores, zarandeas carpetas. Nada, no hallas nada. La inspiración viene y de pronto se va. Las historias nacen, y las haces vivir o expiran en tu mente. Borroneas o respiras. Creas o arruinas. Detestas o idolatras. Estás perdido, precisas papel. Lo irracional. Observas, reparas, adviertes, ralentizas tu vista, dejas de pestañear. Te percatas, allí está el cofre, tu colección de papiroflexia, tus origami. Sabes que no debes hacerlo. No quieres hacerlo. No puedes. Ya no tienes el control, requieres papel. No eres tu dueño. Abres la caja del tesoro, lloran tus ojos, la sombra del vacío. Tus pupilas se dilatan. La ira. Extiendes cuidadosamente los trofeos: te mira la grulla, sonríe el cisne, croa la rana, bufa el dragón, gime el conejo, huele la margarita, salta la cigarra, corre la pajarita, vuela el avión, navega el barco por las aguas de tu desesperanza. Embisten, arremeten contra tus sueños. Lloras, estás desahuciado. Reintegras, abates la tapa. Se suicidan los fonemas, zozobran las ideas, naufraga la inspiración. Hay sentencia, escuchas el veredicto: de nuevo has perdido

© Xavier Blanco 2011.
















Este relato ha sido publicado en La Esfera Cultural. 
Haz girar La Esfera, no te arrepentirás.

 






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viernes, 1 de abril de 2011

59 Elvis sigue vivo.

No me preguntéis la fecha exacta; yo tendría ocho o nueve años cuando ocurrió por primera vez. Una motocicleta arrolló a mi perrita. Pensé en ella una y mil veces; la imaginé en el limbo. Sin saber cómo, después de muerta, apareció en mi cama, corría por casa, y dormía en el sillón de papá. Sólo la percibía yo. "Poderes sobrenaturales", pensé. "Cosas del demonio", decía la abuela.

- Rafa, que el niño habla solo, que hay un perro, dice.
–Tonterías abuela.
- Este niño no es normal, se le ve en la mirada. Está poseído.

Ese fue el principio. Pasaron los años, hasta que un día me saludó el espectro de tío Juan, tipo raro, demente. Me crucé con él en el andén, en Urquinaona. Se empezó a reír como un chiflado, persiguiéndome por todo el vagón. Por suerte siempre he sido un "Juan sin miedo". Me impresionó. Descendió en Rocafort. Yo tendría veinte años. La cosa no quedó ahí. Una madrugada de sábado me di de bruces con el abuelo Jacinto. Le reconocí por las viejas fotos color ámbar que había por casa. Manco, destrozado, la cara ensangrentada, había fallecido en un accidente: era un zombi cualquiera. Ataviado con un sombrero de fiesta, unas guirnaldas multicolores y tirando confetis por todo el vagón. Era un fiestero, un bala perdida.

Todo fue empezar y no parar. Siempre en el metro. El subsuelo es el mejor hábitat para las almas del purgatorio, terreno abonado. Sucumbí a ese canto de sirenas, a esos túneles negros, infinitos, que se bifurcan una y otra vez hacia ninguna parte, poblados de cadáveres en rebeldía. Al principio no controlaba esos poderes. Interfectos que aparecían y desaparecían por arte de magia. Todo el álbum familiar desfiló ante mis ojos: mutilados de guerra, pomposas damas de mantón y manila, bisabuelos anarquistas, nodrizas pechugonas, piratas del Caribe, veteranos de la Guerra de Cuba… El metro convertido en una máquina del tiempo imposible, en una verbena permanente.
Conocí mujeres, pero ninguna entendió mi especial sensibilidad, mi afición a los temas del mas allá. Y lo que empezó como un juego, me acabó cautivando. Dejé el trabajo, lo dejé todo, para entregarme, sin contemplaciones, a este vicio de los difuntos. Día tras día, recorriendo andenes y vagones con desesperación, buscando almas perdidas, zombis sandungueros, espíritus taciturnos, penitentes de la vida, cofrades de la expiración, con los que compartir unas risas, un pitillo, unas reflexiones.

Poco a poco empecé a controlar esas apariciones, ampliando así la galería de fantasmas. Mis pretensiones son órdenes divinas. Ya no puedo parar. Los domingos de partido, transito por la estación de Les Corts, departiendo con viejas glorias del balón. Así fue como conocí a Kubala. Los días de estreno, en la parada de Liceo, desfilan ostentosas mezzosopranos y altivos tenores. Nada comparable con las fiestas que acaecen en las estaciones de Poble Sec y Paralel, repletas de viejas glorias del” Music Hall”: mujeres de vida disoluta, aprendices de nada, viejos comediantes, estrellas que nunca lo fueron. Así una jornada tras otra. Llevo meses pensando en Elvis, pero nada, no aparece, cosa que confirma que el de Memphis sigue vivo.

Perdonad, no me he presentado. Algunos me conocéis: soy ese caballerete apesadumbrado, de pelo ralo, barba canosa, traje gris raído, que arrastra su carrito por la estación de Catalunya. Duermo en la calle, esperando que me despierte el alba, soñando la hora de apertura de los andenes, para entregarme sin mesura a esta danza de esqueletos.

© Xavier Blanco 2011.

Presentado al concursos de Relatos de Transports Municipals de Barcelona. 



miércoles, 30 de marzo de 2011

58 Más sobre Libia.

Dedicado a Toni. Sigue en el Hospital. Pronto estará en casa.







“Esto no es una guerra”, dicen algunos. “Sólo es una operación humanitaria”, indican otros. Los más atrevidos, rozando el insulto, llaman a esto un "conato de guerra” - vamos, un quiero y no puedo, un vengo que ya me voy, un no sé para qué me he metido -. Lo peor de todo es que detrás de tanta improvisación, debajo de la semántica, están los muertos, la gente que sufre, las bombas que silban, el futuro ametrallado, el miedo.  
Para Occidente esta guerra no pasa de un simple plan renove. Destrozamos los aviones y los tanques que le vendimos al Gadaffi ese, durante estos últimos cuarenta años, y cuando manden los otros les presentaremos el nuevo catálogo de armas primavera–verano. Vamos, como en el Carrefour: dos tanques por uno, compras tres aviones y te regalamos el de menor precio. Luego ya esconderemos la venta de armamento dentro de la ayuda al desarrollo. Tiempo al tiempo.
En el mundo, atendiendo al índice de democracia de “The Economics” hay 55 dictaduras. Los derechos humanos, según los anuarios de Amnistía Internacional, son violados sistemáticamente en la mitad del planeta todos los días del año, incluidos los festivos. De dictadores asesinos, sátrapas feroces y reyezuelos sanguinarios, está lleno el astro Tierra. El Consejo de Seguridad de la ONU,  para dictar todas las resoluciones de ataque inmediato que necesitamos para acabar con tanta impunidad, tendría que estar dos meses seguidos, día y noche reunidos, trabajando a destajo. Uno, que es ingenuo, se pregunta "¿cuándo actuarán en Costa de Marfil, Sudán, Guinea Ecuatorial, Irán, Sáhara, Bielorrusia, Israel, Chechenia, Yemen, Arabia Saudita…? Occidente sólo ataca cuando están amenazados sus intereses,  y éstos casi siempre son económicos. Tienen nombre y apellidos: petróleo, gas, materias primas, enclaves geoestratégicos, etc. ¿La gente? ¿Qué gente?
La guerra siempre se inicia en nombre de la libertad y de la democracia. El resultado ya lo conocemos, se llaman Somalia, Afganistán, Irak: muerte, destrucción, luchas fratricidas, países destrozados,  bombas que explotan, gentes sin futuro, contratos millonarios de reconstrucción. ¿Libertad, democracia?... hoy no toca, de eso ya hablaremos otro día.  A esto le llamo yo imperialismo con camuflaje humanitario.
Esta guerra no responde a los intereses del pueblo libio, ni a sus anhelos de libertad y democracia.  Las intervenciones militares son como la lotería, nunca sabes cómo acaba, juegas sin jugar y nunca toca. La guerra es el fracaso de la política. ¿Hasta cuándo seguiremos aguantando tanta hipocresía? Necesitamos un cambio de mentalidad, un mundo donde la guerra no tenga espacio. Hace tiempo que perdimos el rumbo, vagamos a la deriva. Hacen falta otras ideas, otras manos para asir este timón.
© Xavier Blanco 2011.

lunes, 28 de marzo de 2011

57 Quijotes de la noche.














¿Qué es la vida sin fiestas?. De tasca en tasca, de posada en posada. Bucólica noche de jueves. Beber infinitas jarras de vino; liviandad. Damas y escuderos, doncellas y caballeros. La noche estrafalaria que se ríe con nosotros: surcar el cielo a lomos de un Rocinante alado, galopar jumentos, batallar con molinos aspados, platicar con gigantes, hostilizar con caballeros, divagar hermosas moriscas, cortejar Dulcineas, cortar el mar en galeras... Licenciados en sueños, insumisos de la realidad, opositando a quimeras. Dilatando la oscuridad mas allá del alba. Muchas y grandes cosas. Cosas que atañen ya fatigados, menudeando risas, concursando a resaca, primer premio en borracheras, sólo zarandajas, rebuznos, silbos y rugidos. Música celestial. Más vino. Cruzar el cielo en este bergantín de las estrellas; testando ilusiones. ¿Andanzas? ¡Qué ruindad! ¿Cómo ser hidalgo sin amor de lozana? Cataplasmas de botica. Desazón. El crepúsculo que anuncia un nuevo día. Sube la marea, oleaje. ¿Espejismos? Sólo sueño…Después del largo invierno siempre llega la primavera.

© Xavier Blanco 2011.


Este relato ha sido publicado en La Esfera Cultural. 
Haz girar La Esfera, no te arrepentirás.

 






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viernes, 25 de marzo de 2011

56 Nieves de primavera.













A las gentes del Japón.






Nieva en Fukushima. Distingo dos niños en un montículo. Inmóviles, sentados en unos riscos. La vista perdida en el horizonte. Afligidos. La nieve envuelve el espacio infinito que perciben sus ojos. Bajo el blanco áureo, sólo desolación, la vida sepultada. No hay existencia, sólo ilusiones que gimen bajo los escombros. La mano de una muñeca, pidiendo auxilio,  que asoma. Tienen frío, el que produce la devastación, el que te cala hasta los huesos. El corazón gélido que ya no late, que ya no siente, que ya no duele, inerte.  A lo lejos, avecinándose, una humareda negra que asciende estrafalaria, dibujando un tenebroso baile de guadañas. Las campanas que doblan a muerto.  Ataúdes alineados, equidistantes, llenos de sueños carcomidos. No poseen nada, sólo lágrimas. Surge un anciano, acaba de sepultar a sus hijos. Solloza ante el peor de los engaños. Niños huérfanos. La nieve albina que muda de aires: llueve. Un relámpago de sol que brota, el arcoíris que rasga la lejanía. La mano del hombre agasaja la dermis de los críos. Se miran, ríen. Risas que son semillas de esperanza. Acecha la sombra del miedo. Oscurece. Mañana será otro día.

 © Xavier Blanco 2011.
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52 Lloro por ellos.

jueves, 24 de marzo de 2011

55...Relatos en cadenas...(4)

 © Sergi Fornasari. Mont-Rebei.















Esta semana presenté un microrrelato al concurso “relatos en cadena”. En total se han presentado  502 relatos. Máximo 100 palabras, y la frase de inicio obligada era "A mi mujer no le gusta que le fastidien sus estrategias." Espero que os guste. Seguiremos probando.

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1. Por no molestar.

A mi mujer no le gusta que le fastidien sus estrategias; ella  nunca escucha: "Juan, ahora no, estoy ocupada".  A Manuel le incomoda que le hable cuando está oyendo música: "Papá, no te escucho, no ves que llevo los cascos puestos". Me falta el aire. Pilar, la pequeña, se irrita a la menor contrariedad: "Ahora no papá, estoy jugando con mis muñecas". La abuela se ha adueñado del mando a distancia y del orejero: "No seas pesado, que ahora empieza la novela". Me ahogo; mi válvula mitral ha empezado a fallar de forma irremediable. Sucumbo… Mal día para morirse, llueve, quizás mañana salga el sol. Espero que no se enfaden.
 © Xavier Blanco 2011.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Grises (cosas de mis amigos).


Hoy es miércoles, Miriam Giménez, una amiga, nos regala otra reflexión..., impulsos de primavera.







Miro alrededor pero no veo nada. Nada destaca lo suficiente para que la impresión en mi retina se mantenga. Quizá soy yo que estoy inatenta. Quizá los colores se han atenuado hasta parecer grises, quizá, solo quizá, el mundo está enlenteciendo su marcha para acompasarse con la mía. Los sonidos son graves y lejanos, el calor no acaricia mi cuerpo, el frio no me golpea. Camino envuelta en plástico, todo lejos, todo aséptico. Nada hiere, nada duele…

© Miriam Giménez.

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martes, 22 de marzo de 2011

54 ¿Libia?..sólo preguntas.

Que en estos tiempos que nos han tocado vivir, las cosas van demasiado deprisa, ya nadie lo discute. Que las verdades de ayer ya no sirven para los problemas de hoy, tampoco. Que se lo pregunten a Gadafi; aquellos con los que ayer compartía rondas y verbenas, sus amigotes del alma, esos del G-8, los Cameron, Obama, Sarkozy, Berlusconi … y el resto de la tropa: los del G-20, los coleguitas de la Liga Árabe,  los cofrades de la ONU…, todos ellos se la han jugado. Él se ha quedado en el lado oscuro, y ellos, como alimañas, se han pasado al bando de los buenos. Tantos años plantando la jaima en sus jardines - cuántas risas compartidas, cuántos chistes, cuántos puritos fumados a la luz de la luna- . Todo para nada: amanece y te enteras que tus camaradas han bombardeado tu Palacio y te han destrozado la piscina y la colección de orquídeas; terrible despertar. Debe ser eso que llaman la "realpolitiK".
¡Qué se levante el telón! Ya tenemos en escena a los salvadores del mundo: en un pimplas te montan una zona de exclusión aérea, un bloqueo naval, una operación de rescate, un bombardeo selectivo, una santa alianza, una de daños colaterales, una chapuza meritoria, una doble de despropósitos. Esto de la geoestratégica de la política internacional; cada vez se parece mas a un circo lleno de equilibristas del miedo, de domadores de leones, de trapecistas de la mentira, de payasos, de hazmerreíres, de vendedores de humo, de alquimistas, de pócimas milagrosas que lo curan todo, de bandas de música que sólo tocan operetas. Lo peor es que hace tiempo que el circo es el estado natural del planeta.  
Un juego macabro recorre los cielos de Libia. Los niños miran el firmamento, y la pregunta no es saber si las bombas que te caen son norteamericanas, francesas o inglesas, porque  todas los son. El juego consiste en saber si te las tira tu propio ejército  - llevamos 40 años vendiendo armas a Libia- o te las tiran esos de la comunidad internacional que vienen a defenderte de no se sabe qué. Luego vendrán los contratos multimillonarios, les venderemos aviones, tanques, bombas, les construiremos las carreteras que antes hemos volado, nos quedaremos con  su petróleo, con su gas y nos llevaremos su futuro envuelto en papel de celofán.
Mal, vamos mal. Uno tiene la sensación que el mundo rueda a la deriva, camino del infierno. Triste panorama, el único lubricante que hace girar la rueda de la política internacional es el petróleo; y si además hay gas, esto corre que vuela. ¿Cuántos dictadores pueblan el planeta? ¿Cuántos sátrapas masacrando a sus pueblos? ¿Cuántos crímenes de lesa humanidad impunes? ¿Cuántas resoluciones de la ONU convertidas en papel mojado, en papiroflexia?... Sudán, Liberia, Arabia Saudita, Bahréin, Irán, China, Siria, Camboya, Chechenia, Israel… me falta papel para tanta arbitrariedad.
De nuevo las huestes de occidente, vestidas de superhéroe, hemos entrado como elefante en cacharrería, sin estrategia, sin objetivos claros que cumplir, a la caza del villano. Una parte del pueblo libio apoya a Gadafi, de eso no hay duda. De los rebeldes poco sabemos, o nada. Las ansias de libertad de esas gentes son infinitas y debemos apoyarlas. Quiero equivocarme, pero esto se aboca a una guerra fratricida de final incierto. Ahora nos dicen que no se podía hacer otra cosa pero… mirar para otro lado es la práctica habitual de la comunidad internacional. Eso no importa; hoy, como siempre, se impone el doble rasero. Que el tipo es aborrecible lo sabemos todos, pero al monstruo lo hemos alimentado nosotros durante cuarenta años, y gran parte de la culpa de lo que pasa ahora, es nuestra y algo deberíamos aprender de todo ello. Lo peor es que nuestro interés no es la libertad y la democracia de ese pueblo; nuestro interés es el poder y el dinero, y ante ello no hay resolución de la ONU que se resista.
¿Cuánto vale la libertad de un pueblo? Que nadie se engañe, la guerra es el mejor atajo para llegar a ningún sitio, a ninguna parte. Que quede claro que no creo en la paz como un valor absoluto por encima de la libertad de los pueblos.  Me hago la misma pregunta que vosotros: entre no hacer nada y esto ¿queda algún camino? Sí, que estos tipos dejen de jugarse el mundo en una partida de cartas.  Mucho tendrán que cambiar las cosas.  

© Xavier Blanco 2011.

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lunes, 21 de marzo de 2011

53 Lepidópteros.

© Sergi Fornasari. Jardí Botànic Mar i Mutra. Blanes.





















Después del invierno, siempre llega la primavera.

Nacer. Abrir mis ojos noveles y deleitarme con mil sensaciones. No somos nada, sólo formas queridas y también odiadas. Seres diminutos, imperceptibles, generalmente insignificantes. Mi enemigo es Céfiro cuando sopla sin rumbo. También la fría noche  mas allá del horizonte. Soy una simple oruga, convertida en crisálida. Larva, pupa, después imago. El hombre vendería su alma al diablo por sufrir esta metamorfosis, que me ha convertido en lepidóptero.
De pronto ver la vida. Sentir. El cielo azul que ciega mis ojos. Volar, batir mis alas multicolores. Surcar el cielo infinito. Recorrer valles y praderas. Beber en ríos angostos. Ver mi sombra planear sobre lagos colosales. Cortar el sonido del viento. Desafiar a la belleza en un duelo quimérico. Oír el gemido de la noche cuando el sol se abate.
Toda una existencia entre receptáculos, pétalos, sépalos, estambres y pistilos. Al albor de la brisa que meció mi cuna. Que afortunada es mi existencia, cuánta hermosura colman mis días. Poder elegir libremente entre tanta perfección: jazmines, lirios, tulipanes, petunias, jacintos, claveles y amapolas. Libar el néctar, polinizar, dar la vida. Nada es eterno, ni siquiera la muerte. Cierro mis ojos y me estremezco de tantas emociones halladas. Dolor. Que vida mas efímera, para tanta belleza. Fue ayer cuando surgí y hoy ya expiro. Si vuelvo a nacer, sueño que sea en primavera.
© Xavier Blanco 2011.

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viernes, 18 de marzo de 2011

52 Lloro por ellos.










A las gentes del Japón.




Hoy respiro acongojado, sin fuerzas. Miro el cielo y me ahogo. Respiro sin tregua, sin descanso. Respiro hondo, intenso, me sofoco. Cada contracción de mis pulmones son agujas que se clavan, niños que lloran, muchedumbres que corren solitarias, desamparadas, hacia ninguna parte.  Hoy pienso en ellos, en esas gentes del Japón, desoladas, perdidas en medio de la hecatombe. El planeta ruge y el hombre se inmola.  Me entristezco, consternado. Sollozo por ellos, por nuestro progreso, por el  futuro de nuestra especie. Lloro por mis hijos, por este infierno cavernario que les legamos. Por esas tierras yermas, infecundas y estériles. Sí, hoy lloro por ellos y también por nosotros.

 © Xavier Blanco 2011.