jueves, 8 de marzo de 2012

244 Quizás sea un Circo.


Estás solo. La carpa es cóncava, tejida con crines amarillas sobre la piel de animales muertos. Observas la pista tapizada de espejos rotos. Cantan las lechuzas, los leones vomitan sangre y se avistan chacales aullando en la lejanía. Diluvian lágrimas de sal. Tiemblas. Tranquilo, es normal que te preguntes si es un Circo. Una fogata de congojas arde en la pista. La grada oscurece. La única luz que retienen tus pupilas es la producida por el reflejo de tus ojos en esa pira. Silencio. No auscultas más sonido que el aleteo descompasado de miles de mariposas negras cercando la sospecha. Los sueños se balancean en el trapecio y las pesadillas oscilan por el alambre. ¿Es un Circo? Mientras  te interrogas, los caballos rugen, los osos reptan, los tigres braman. Una jauría de gatos brunos cruza la noche. Intentas huir pero tus pies trémulos caminan lastrados pisando grillos. El miedo te araña. El espacio se inunda, flotan peces globo y precipitan relojes de arena. Miras a tu alrededor. No sabes donde estás, lo presientes pero te cuesta creer que el infierno sea así. No llores, intenta serenarte. Algunas veces la realidad es voluble: puede que sea un Circo. 

©  Xavier Blanco 2012.




lunes, 5 de marzo de 2012

243 Al otro lado del espejo.


A Elisa no le gusta la oscuridad. Ella sabe que esos alaridos que la arañan se esconden ahí, detrás del espejo. Siempre regresan,  como insectos que corroen la podredumbre, con sus carcajadas funestas y sus fauces desdentadas.  Agazapada entre las sábanas, sus ojos desorbitados  sólo son capaces de reconocer su tenue anatomía reflejada en el cristal de la ventana. Necesita  chillar, pero el terror paraliza el fluir de sus venas y su garganta se sofoca atenazada por el puño frío del pánico. Gritan sus ojos. Extinguida, esconde su contorno frágil en ese ataúd de los sueños y solloza el silencio de la noche. Intenta dormir pero sólo llora.

Con el amanecer, el miedo huye, se desvanece en el aire.  El sol de la mañana chispea en sus ojos. Las volutas de polvo revolotean risueñas y lloviznan caramelos. Con el día llegan esos señores de bata blanca y pastillas azules: “¿han venido esta noche?”, preguntan. Ella niega con la cabeza mientras esconde sus brazos lacerados por la larva del desasosiego. Puede que hoy le quiten las correas y consiga tocar la hierba.

A media tarde deambula cabizbaja por el patio. El ocaso trepida en su dermis. La negrura acecha agazapada tras el horizonte. Ésa que araña su cuerpo y ahoga su garganta, ésa que regresa siempre.  Elisa retorna a su habitación perseguida por el aliento de la noche, que resopla en su cuello. Una soledad prepotente cerca su contorno,  como si la bolsa amniótica de la existencia se hubiera roto hecha añicos. No quiere dormir. Abre el ventanal. Corta el cordón umbilical que le une a la vida y, retando a la ley de la gravedad, se arroja al vacío. Mientras su cuerpo peregrina por el acantilado de la muerte, su voz diminuta repite sincopada: “están ahí, detrás del espejo”. Queda extendida, garabateada en el asfalto. Yo la vi caer, pero aquí nadie sabe de nadie. 

©  Xavier Blanco 2012

jueves, 1 de marzo de 2012

242 Microrrelato indignado.










Este texto responde a una propuesta que podéis encontrar en el Blog de Rosana Alonso. Aquí tenéis toda la información.

La vida no es un cuento.

- Hola Caperucita. ¿Cómo va la vida?
 - No me puedo quejar. Encontré un empleo en la residencia de ancianos. Me encargo de la cocina y de las tareas auxiliares de limpieza. El salario no llega a 600 euros al mes,  pero me dan la comida y, lo más importante, me hacen un precio especial por la abuela. Ya sabes, la pobre nunca se recuperó del susto: el lobo, los cazadores y luego el Alzheimer, allí está bien atendida.
 – ¿Qué sabes del lobo?
 -  Poca cosa. Se cambió de móvil y le perdí el rastro… Llegó la  crisis, la empresa concentró la fabricación y deslocalizaron el cuento. La última vez que hablé con él trabajaba a turnos, pero  ahora sólo se dedican a hombres lobo, vampiros… violencia y sangre, mucha sangre. Ya no interesa la historia de una niña rubia, vestida con una capucha roja, que lleva la merienda a su abuelita. Esa historia no vende. A esas multinacionales sólo les interesa el dinero y el dinero no sabe de sentimientos, ni siquiera sabe de personas.  Son  tiempos grises, huérfanos de sueños. A ti, no te veo en tu mejor momento.
 –Si yo te contara: marchó el lobo y nos quedamos sin cuento. Mis dos hermanos emigraron, y hace meses que no sé nada de ellos. Yo empecé en la construcción hasta que explotó la burbuja inmobiliaria y todo se desmoronó.  Ahora subsisto gracias al desempleo y a cuatro chapuzas que me salen. No dejo de enviar currículums, ir a entrevistas, pero… no es fácil contratar a un “cerdito”, si te enteras de algo, llámame.
 – Qué mundo éste, es para indignarse. Hablan de eficiencia, de productividad, de recortes, cuando en realidad sólo hablan de DINERO. Eso es lo único que les importa. Que vaya bien cerdito.
 -  Adiós Caperucita. Ahora todo es diferente, hace tiempo que la vida dejó de ser un cuento. 

©  Xavier Blanco 2012.

lunes, 27 de febrero de 2012

241 La lejanía.












Dedicado a todos los que no quieren girar dentro de la pecera. 

A los estudiantes de Valencia, a los que se parten la cara impidiendo desahucios
a los que luchan por un presente diferente, a los que están cansados de tanto recorte hipócrita
 y a los que creen que un mundo mejor es posible.

Alborea un nuevo día y el mundo gira, antojadizo, suspendido en las aristas del firmamento. Puede que el Infinito sea convexo y distorsionado como una pecera habitada por peces  estrella.  Especular que ahora, en este intervalo imperceptible de tiempo, la luz irisada de un sueño se enluta de forma definitiva y un niño recién nacido deja de llorar extinto en el barro. Tal vez esa luminosidad exánime sólo sea el destello de un proyectil que hurga esquivo buscando su diana: la bala perdida de un niño soldado que mata a su hermano en una guerra ignorante. Mientras eso ocurre, los arpegios del viento soplan enemistados en la lejanía, en ese lugar  donde la miseria engendra larvas de podredumbre. Es ahí donde realidad y pesadilla interseccionan, y el ser humano, convertido en monstruo, se marchita reptando solícito en el fango de su insolencia. No importa, sólo son imágenes retenidas en la trastienda de nuestras retinas -quizás molestos fotogramas de memoria-. El planeta rota y seguimos absortos saboreando el aroma del café, observando como nuestras mentes se anegan entre tantas concomitancias. Ahí sentados, inhalando comodidad, el Cosmos se refleja diminuto en la cucharilla. Seguro que podría ser de otra forma, pero hoy anochecerá y el mundo girará antojadizo suspendido en las aristas del firmamento. Esas volutas de café nos envuelven, nos narcotizan, pero las olas de la lejanía regresan cada mañana y desgarran nuestra orilla. Escondidos tras el horizonte, seguimos rebuscando desesperados una tabla, algo donde asirnos, aunque sólo sean los restos de un naufragio. Un día nos despertaremos y el mar se habrá tragado la muralla. Sólo nos quedará la pecera y nosotros, en su interior, girando solícitos como peces estrella. Puede que solo anhelemos eso. Desde adentro el mundo se percibe diferente: convexo y distorsionado.

©  Xavier Blanco 2012.

viernes, 24 de febrero de 2012

240 El "Circo Newton".

 


La última función del Circo Newton se representó  el 20 de octubre del año 1687, coincidiendo en idéntico horario con un violento terremoto que destruyó la ciudad de Lima. La compañía, regentada por Isaac Newton, visitaba cada otoño los pueblos y ciudades de condado inglés de Lincolnshire, para delicia de pequeños y mayores.  Ese día, mientras el público aplaudía enfervorecido ajeno a la tragedia, se produjo la primera fusión nuclear no reconocida  de la historia de la ciencia.

El hecho desencadenante fue  la colisión, en plena función, de dos trapecistas  hercúleos; ese choque generó una especie de cataclismo atómico a escala microscópica. En la reacción en cadena posterior, el león traspasó el aro del domador, desapareciendo en una sucesión infinita de círculos concéntricos. La mujer bala se desvió  de la trayectoria elíptica marcada en los ensayos, iniciando un recorrido asintótico al horizonte. Peor suerte sufrió la pareja de equilibristas, que  ejecutando un triple mortal recorrieron una trayectoria idéntica a la de dos líneas paralelas y no llegaron a converger en ningún punto del plano. Escasa información existe sobre la amazona, que proyectado por la fuerza centrífuga generada por el movimiento inverso del caballo, se alejó progresivamente del animal hasta evaporarse en la derivada del tiempo. Así consta en el atestado. 


La policía, aconsejada por Newton - único superviviente -, cerró el caso sin investigar la causa de los fallecimientos. Tal vez sabían que la cinemática es la parte de la física que estudia el movimiento de los cuerpos al margen de sus causas, y en el circo casi todo es movimiento. Newton, que ya era un hombre inquieto, decidió liquidar el negocio y teorizó que lo acaecido ese día era un claro ejemplo de suceso nulo que tiende a infinito.  Algunos pueden pensar que la historia no es cierta, sólo puro artificio –usted mismo podría hacerlo-, pero antes  debería saber que el circo no es mas que eso: el conjuro de lo eterno, cercar lo ilimitado, quizás el adiestramiento de la lejanía. 


Lo de la manzana vino después, pero no busquen concordancias. ¿El público?...mejor no pregunte… ¿A quién le importa el público?.

©  Xavier Blanco 2012.

(La SERIE "El Circo" ha llegado a su micro nº:10)


______________________________________________________

martes, 21 de febrero de 2012

239 La última función

Disimula sus lágrimas, se maquilla una sonrisa  e irrumpe en escena. Los focos deslumbran su decrépita figura. Sitiado por insultos  y  vejaciones repite idéntico final cada tarde: saca un revólver, encaja una bala en el tambor y lo hace girar de forma caprichosa. Una detonación fría enmudece la carpa. Mientras su cuerpo menudo finge la muerte, los niños aplauden enfervorecidos. El domador, escondiendo el rastro sanguinolento garabateado en la pista, retira apresurado el cuerpo del payaso.  Llueven palomitas y pompas de jabón. Un redoble nervioso de tambores brilla en la oscuridad: “…ahora…”, titubea el presentador... Nada, sólo grita el silencio.

©  Xavier Blanco 2012.
_________________________________________________